Historia de la terapia con inyecciones de Botox®
Por Dr. Scott W. Mosser
Botox® es una forma altamente purificada de la toxina botulínica Tipo A, producida por la bacteria Clostridium botulinum. Fue desarrollada en la década del 70 por un médico de San Francisco que buscaba métodos para corregir el estrabismo, es decir, los ojos bizcos. Y descubrió que una forma purificada de este veneno potencialmente letal (una toxina producida comúnmente por bacterias en alimentos inadecuadamente procesados), inyectada en los músculos hiperactivos adecuados, provocaba una relajación o parálisis temporaria que permitía que otros músculos oculares realicen las funciones normales del ojo.
Allergan, Inc., una pequeña compañía especializada en productos oftalmológicos y dermatológicos, compró los derechos del descubrimiento en 1987 y la toxina se comercializó para su uso en la corrección de los trastornos de los músculos oculares, como el blefaroespasmo (parpadeo incontrolable) y el estrabismo (ojos bizcos). Esta forma de toxina botulínica A fue patentada por Allergan, Inc. en 1989.
En la década siguiente, los médicos hallaron usos adicionales para la toxina botulínica Tipo A, que incluyen el tratamiento de la distonía cervical, un trastorno que provoca fuertes contracciones de hombros y cuello y la reducción de la rigidez y los temblores que a menudo sobrevienen luego de un ataque cerebro vascular.
El tratamiento de la “fuente de la juventud” provoca un bombardeo mediático
A mediados de la década del 90, se corrió la voz entre los oftalmólogos y dermatólogos de los Estados Unidos y Canadá sobre la fama de los apasionantes efectos secundarios cosméticos observados después de inyectar la toxina purificada - reducción de arrugas en la frente, pliegues faciales y patas de gallo, que logran un contorno facial más fresco y juvenil.
Cuando la FDA aprobó el uso del Botox® con propósitos cosméticos en 2002, se generó una amplia cobertura mediática que catapultó la demanda de inyecciones de Botox® para propósitos específicamente cosméticos a la escena mundial.
Esta enorme demanda dio lugar a un período de mala utilización de las inyecciones de Botox® por parte de cosmetólogos sin capacitación médica o a tratamientos clandestinos en condiciones inadecuadas que dieron lugar a la aparición de informes sobre su ineficacia o efectos secundarios desagradables. Recién cuando el público se informó mejor y los cirujanos plásticos certificados y los dermatólogos comenzaron a agregar las inyecciones de Botox® en sus programas de cosmética facial, los beneficios plenos del tratamiento resultaron evidentes y la seguridad y eficacia de la terapia con inyecciones de Botox® se convirtió en una práctica corriente.
El uso de los tratamientos con Botox® para suavizar o eliminar las arrugas y las líneas de expresión en la frente y alrededor de los ojos es en la actualidad el procedimiento no cosmético más popular en los Estados Unidos, Europa y muchos otros países. Cuando se inyecta directamente en los músculos faciales hiperactivos, el Botox® inhibe la liberación de acetilcolina, un neurotransmisor que permite la contracción muscular. El resultado es la inhibición o relajación de los músculos, un efecto que puede durar hasta varios meses.
De acuerdo con Allergan, en el 2005 solamente se realizaron más de 3300 millones de procedimientos cosméticos con Botox®.
Una popularidad continua
Es probable que la enorme popularidad de las inyecciones de Botox® se deba a su naturaleza no quirúrgica (no deja cicatrices), la escasez o ausencia del tiempo de recuperación y su costo relativamente bajo si se lo compara con el rejuvenecimiento facial quirúrgico y otros procedimientos. La seguridad del procedimiento también es un factor importante. El Botox® se ha usado extensamente durante más de una década y no se documentaron complicaciones sistémicas asociadas a las inyecciones de Botox® cuando fueron administradas por personal médico calificado, conforme a las dosis y lineamientos recomendados.
La Administración de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos (US FDA) advierte que el Botox® es un fármaco de venta bajo receta y debería ser administrado por un médico calificado en un ámbito médico adecuado. En cualquier otro tipo de instalación se corre el riesgo de que la técnica sea inadecuada, las dosis incorrectas o las condiciones antihigiénicas. La FDA también recomienda que el Botox® Cosmetic sea inyectado con una frecuencia no mayor a una vez cada tres meses y que se utilice la menor dosis efectiva.
La continua popularidad de los tratamientos cosméticos con Botox® entre hombres y mujeres de todos los niveles sociales (desde la industria del glamour hasta las amas de casa y los ejecutivos) y la familiaridad del término, han minimizado en cierto grado la historia de la toxina y sus usos originales. Sin embargo, los médicos e investigadores no la han olvidado y existe un renovado entusiasmo por recientes desarrollos de nuevos usos médicos del Botox®.
Un nuevo enfoque para un tratamiento antiarrugas
Esta sustancia inusual, se conoció primero como una toxina peligrosa, fue purificada posteriormente para su uso en el tratamiento de trastornos oculares y luego cobró fama y fortuna como tratamiento antiarrugas. En los últimos años se han descubierto nuevas y apasionantes aplicaciones en la salud: la más notable es en el tratamiento de las migrañas.
Otra vez más, los cirujanos plásticos que utilizaban inyecciones de Botox® en pacientes que casualmente sufrían de migraña comenzaron a observar que, además de lograr un contorno facial más juvenil y terso, los pacientes manifestaban un alivio en la intensidad y frecuencia de sus migrañas.
La cirugía plástica de San Francisco amplía el uso de la terapia con Botox
En San Francisco se usó por primera vez la toxina botulínica Tipo A con fines médicos. Desde entonces, San Francisco ha cobrado fama como un centro de excelencia en cirugía plástica.
Como cirujano plástico que ejerce en San Francisco, administro innumerables inyecciones de Botox® Cosmetic a pacientes nuevos y regulares. Cada paciente tiene una estructura facial y un tipo de piel únicas y personalizo los tratamientos para lograr la satisfacción individual con expectativas realistas.
También tengo especial interés en el uso de la terapia de inyecciones de Botox® para aliviar el dolor migrañoso. Durante mi capacitación he tenido oportunidad de participar en la investigación innovadora* que está llevando alivio a los pacientes migrañosos de los Estados Unidos.
Administro inyecciones de Botox® en los músculos adyacentes a las áreas nerviosas muy específicas que otorgan sensibilidad a la piel que rodea la frente, los ojos y el cuero cabelludo y que es posible que también intervengan en el componente doloroso presente en el ataque migrañoso.
Estas tres áreas nerviosas importantes son:
- los nervios supratroclear y supraorbital, ubicados en la zona ocular superior interna, que proporcionan sensibilidad a las áreas central, derecha e izquierda de la frente;
- el nervio cigomático temporal, ubicado justo frente a la línea del cabello fuera del ceño, que proporciona sensibilidad al área de la sien y
- el nervio occipital mayor, ubicado en la nuca, que proporciona sensibilidad a la parte posterior del cuero cabelludo.
Lo que estos nervios tienen en común es que el intenso dolor que experimentan los pacientes migrañosos se puede distribuir por algunos o por la totalidad de estos nervios de la misma manera que la distribución sensorial normal de dichos nervios.
El Botox® actúa sobre estos músculos de la misma manera que cuando es utilizado con fines cosméticos, inhibiendo la liberación de acetilcolina, un neurotransmisor que hace que los músculos se contraigan. El efecto resultante, que puede durar hasta varios meses, alivia enormemente el dolor migrañoso e incluso lo elimina en algunos casos.
El Botox no es eficaz en todos los tipos de migrañas y se necesitaría una consulta y un análisis completo de su historia clínica y de los tratamientos previos contra la migraña para determinar si usted se beneficiaría de la terapia con inyecciones de Botox®. Se ha logrado un alivio extraordinario en muchos tipos de migraña y agradezco la oportunidad de explorar esas posibilidades con mis pacientes.
*Mosser, SW, Guyuron, B, Janis, J, Rohrich, R. The Anatomy of the Greater Occipital Nerve: Implications on the Etiology of Migraine Headaches. Plast. Recon. Surg 113(2):693-7.
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